Guayaquil de mis penas..

Por Diego X. Escobar

Recorre por los exteriores del hospital desesperado buscando el cadáver de su abuela, quiere darle cristiana sepultura, pero ni eso puede hacerlo.

Otros improvisan una camilla con lo que encuentran, para trasladar a su madre al hospital, sus extremidades superiores e inferiores son sostenidas por sus hijos, por que apenas puede entrar parte de su humanidad, ruegan al guardia que les permitan ingresar al hospital, pero las puertas no se abren, su madre no puede respirar.

Otro hijo grita desesperado a las afueras del hospital que abran la puerta para que puedan salvar a su padre, tampoco le abren la puerta, el yace en la parte posterior de su camioneta sin poder respirar, horas después muere.

Un enfermero grita afuera de un centro de salud que le ayuden, que no hay médicos y que la gente se está muriendo.

Todos saben que los muertos no son los que están escritos en las estadísticas, todos saben que los muertos son muchos y que la pena en la ciudad es igual de grande que el río Guayas.

Guayaquil es un barco a la deriva, todos mueren de a poco, la culpa es de todos los irresponsables dice en cadena nacional el arlequín de turno, todos son responsables, menos las autoridades, la verdad es que muchos mueren con la complicidad de los capataces modernos.

La desigualdad e injusticia social actual es parecida a los capítulos escritos por Joaquín Gallegos Lara hace casi 80 años.

La Virgen del Panecillo hoy fue iluminada, enviándole así Quito un mensaje de amor, de ese amor que ha pesar del duro regionalismo siempre le ha profesado a la bella y guerrera Guayaquil.

Hoy todos lloramos sus muertos, pero sobre todo entendemos que nada ha cambiado desde 1922 hasta hoy. Las flores flotan en el agua con la misma nostalgia que el mes de noviembre de ese año.

Guayaquil se muere de a poco, igual que el país, por que nunca podrá existir Ecuador sin Guayaquil, ni Guayaquil sin Ecuador.

Fuerza guayaquileños, hombres y mujeres guerreras en esta hora gris de la historia, tu templanza nos conmueve y nos convoca estar junto a ti.

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